Dos voluntarios cogen 4 vuelos para viajar a Nepal, el país de los Himalayas, y realizar un voluntariado con la ONG Círculo de Cooperación en la casa de acogida Kushiko Sansar. Son Remei y Salva, dos catalanes solidarios que vivieron los cambios en el proyecto detallado en la publicación “Sobre 8 niños y niñas vulnerables de Nepal que encuentran un nuevo hogar en tiempos revueltos”. Hoy, Remei González Manzanero nos cuenta su experiencia.
¿Fue impactante llegar a Nepal? ¿Cuándo empezasteis el voluntariado? ¿Cuánto tiempo estuvisteis?
Empezamos el voluntariado el 18 de febrero, pero llevábamos ya un mes en Nepal, así que por entonces ya habíamos recibido los grandes impactos que se reciben cuando te plantas en un país tan escabrosamente maravilloso y tan ordenadamente caótico como este. Los primeros días sentíamos que no sabíamos ni dónde estábamos. Además, habíamos llegado de noche y nos sentimos muy inseguros cuando salimos del aeropuerto y vimos a todos los taxistas alrededor de nosotros intentando conseguir que fuéramos en el taxi de cada uno y no en el del otro, así como cuando llegamos al barrio donde teníamos el hostal, ya a las 2:30 de la madrugada y todas las calles estaban vacías y llevábamos un perro callejero pegado a las espaldas. Pero, en realidad, era una inseguridad que no tenía nada que ver con un peligro real. Las primeras semanas estuvieron cargadas de impresiones y de maravillación, con la sensación del que no se cree de donde está, porque sobre todo la capital, Kathmandú, no tenía nada que ver con lo que nos habíamos imaginado. Yo me sentí cargada de imputs, mirando a absolutamente a todos los lados, captando todas las cosas que pasaban a mi alrededor y gozándolas locamente.
Durante el primer mes estuvimos viajando. Visitamos Kathmandú, la capital, después hicimos un pequeño trekking por el Parque Nacional Shivapuri, en las montañas medias del país (Sundarijal, Mulkharka, Chisopani y luego, saliendo del parque, Nagarkot), después visitamos Pokhara y, al final, hicimos un curso de diez días de meditación Vipassana en Dharmashringa, en Budhanikantha, muy cerca de Kathmandú. Después de esto, nos tocó estar enfermos y con malestar durante una semana, porque el cuerpo se resiente en estos tipos de viajes y hay que llevar cuidado, sin descuidarse nunca de lo que comes y de cómo lo cocinan, de lo que bebes, etc. Mientras estábamos recuperándonos empezamos el voluntariado, en un estado un poco débil, tratando de hacer nuestro cuerpo valer. Pronto nos recuperamos y pudimos empezar en serio y los siguientes dos meses estuvimos voluntariando en una casa de acogida, que estaba a las afueras de Kathmandú, dentro del distrito de Lalitpur y que se llamaba Kushiko Sansar (कुशिको संसार ; World of Joy; Casa de la Felicidad/Alegría). Los fines de semana viajábamos por los alrededores (Patan, Sankhu, Vajra Jogini, Panauti, etc.), visitando templos hindúes, estupas budistas, museos, caminando por los arrozales, conociendo personas, paseando y demás. Se podría pensar que dos meses, en total tres si contamos el mes inicial, es bastante tiempo, de hecho me lo han dicho y hasta a mí me lo pareció al principio, pero enseguida nos dimos cuenta de que dos meses de voluntariado es poco tiempo. Te das cuenta de que las primeras dos semanas el trabajo que haces es escaso y tu tarea ahí consiste más en observar sus rutinas y su modo de trabajar que en trabajar propiamente dicho. Respecto a esto que digo, en mi opinión, es fundamental identificar cuáles son las necesidades de los miembros de la ONG a la que vas a voluntariar. De otro modo, puedes intervenir negativamente en su vida cotidiana y no sacar partido ni tú ni ellos de tu estancia allí. Además, antes de eso, has de estar bien informado sobre los problemas fundamentales que recorren las vértebras de ese país.
¿Por qué un voluntariado?
Porque es una experiencia distinta y mentalmente muy sana. Fundamentalmente, en realidad, porque conoces los problemas que existen en un país desde dentro, a partir de vivirlos junto a las personas de allí. Hay una diferencia abismal y evidente entre, por un lado, leer una noticia en el periódico o ver un anuncio por la televisión y, por el otro, vivir todos los matices y todas las triquiñeces que suceden en un lugar. Es como si normalmente vieras un cuerpo desde fuera y, de repente, te pusieras a vivir dentro de sus arterias, o como si hubiese siempre un edificio enorme con una fachada con muchísimos detalles y un día entrases dentro a comprobar y observar cómo son las paredes de dentro y cómo está todo dispuesto.
¿Por qué ser voluntario si no cobras nada?
| “Hacer un ejercicio interno preguntándose cada uno qué es lo que puede aportar positivamente, tanto en los círculos más cercanos como en los círculos más lejanos”. |
Esta es una pregunta que muchas personas me han planteado, que no me gusta personalmente y que no he sabido responder debidamente. Para empezar, no se puede hacer todo por dinero en esta vida. Pero, además, el papel del voluntario es vital para muchas organizaciones y, en mi opinión, tiene una importancia fundamental dentro de la sociedad, aunque en España no se le saque todo el partido posible. Querer ser voluntario puede surgir de a necesidad de ayudar, de querer compartir, de vivir, y, además, a la larga quien aprende eres tú, más que ellos, sin que esto signifique que no necesiten tu ayuda, aunque a mí me gusta verlo como un intercambio, sin la actitud paternalista del que intenta dar porque se ve en la obligación de solventar las vidas de los otros. No se trata de eso, y, en mi caso, nació del deseo de ayudar y compartir, no con dinero, sino con tiempo, que es de lo que yo dispongo. Lo que yo me planteé en cierto momento de mi vida, y lo repetiré y ampliaré luego, es que yo tenía unos conocimientos, unas habilidades y unas aptitudes y que esto podía hacer que alguien en el mundo se sintiera y estuviera mejor. Pensé que alguien podría recibir los frutos de lo que yo había hecho hasta ahora y los frutos de lo que yo soy, ni que decir tiene que esto se convierte en recíproco y que no se puede mostrar lo que tú eres sin que el otro te responda con lo que él es. No quiero decir con esto que este sea el camino para todo el mundo, pero sí me parece interesante hacer un ejercicio interno preguntándose cada uno qué es lo que puede aportar positivamente, tanto en los círculos más cercanos como en los círculos más lejanos.
¿Con qué ONG decidisteis colaborar en Nepal?
Con la ONG Círculo de Cooperación. Esta ONG con sede en el País Vasco (Euskadi) tiene como fin primero el apoyar proyectos educativos en Nepal para fomentar una mejor educación en este país a través de un método de empoderamiento, que lo que quiere es precisamente no crear lazos de dependencia con las ONG con las que colabora (leed la siguiente pregunta). Podéis visitar su página web aquí: /
¿Por qué con esta ONG y no otra?
En mi caso, hay dos motivos por los que elegí la ONG Círculo de Cooperación. El primero es por la afinidad de principios que compartía con ellos. Para empezar, me gustó el compromiso que emanaba de ellos, el hecho de que parecía una ONG seria, comprometida y respetuosa, pero a la vez con miembros del equipo con una actitud cercana. Esta fue la primera impresión que tuve de ellos. Pero detrás de esto, son una ONG que sigue el modelo de empoderamiento. Hay varios tipos de ONG, con distintos modelos de aplicación e intervención de su trabajo en países en vías de desarrollo, cada uno con sus causas y sus consecuencias. El modelo de empoderamiento no tiene como objetivo primero proveer dinero mensualmente a través de transferencias asistiendo a las ONG contraparte (las ONG con las que colaboran en los otros países) hasta el fin de los tiempos, sino contribuir en el desarrollo de esas ONG y en la mejora de sus estructuras. Además de esto, y quizá es para mí casi lo más fundamental, antes de establecer qué hacer en su actuación han fijado sus principios y sus valores.
Como he dicho antes, hay dos motivos por los que elegí Círculo de Cooperación. Siempre hay también un motivo más personal-profesional-laboral. En un momento de mi vida en que me planteé cómo podía aplicar mis conocimientos ayudando a alguien, encontré la oferta de búsqueda de profesor de español de Círculo de Cooperación. No obstante, luego no terminé en ese proyecto, sino en una casa de acogida, pero sirvió para que me interesara por su equipo y su manera de trabajar.
¿Cómo encontrasteis esta ONG?
A fuerza de buscar exhaustivamente y con constancia, enviando emails y emails e informándonos muchísimo. La búsqueda duró unos dos o tres meses. El primer mes solo exploramos un poco las posibilidades. Todavía no teníamos muy claro que lo que andábamos buscando era un voluntariado como el que hicimos, pero sabíamos cuáles eran las características de la experiencia que queríamos y al final la búsqueda acabó conduciéndonos a un voluntariado en Nepal. Al principio, empezamos buscando voluntariados y campos de trabajo organizados por instituciones y órganos de responsabilidad grandes y seguimos con los intercambios culturales, rutas solidarias, turismo y vacaciones solidarias e incluso retiros espirituales. Lo clasificamos todo, hicimos un Excel con las características de cada opción y lo organizamos por precios, porque muchas ONG piden cuotas al voluntario. A veces solicitan cantidades que no estábamos dispuestos a pagar porque, sencillamente, no son justas y porque no son lo suficientemente claros con a dónde va el dinero. Al final, a fuerza de buscar tan exhaustivamente y explorar todas las vías que habíamos encontrado, hallamos un voluntariado en Nepal con una ONG que nos dio muy buena impresión. Sin embargo, esta no era Círculo de Cooperación, sino otra, pero al final descartamos esa ONG, aunque nos quedó la espinita de Nepal clavada. Al final, reducimos el ámbito de búsqueda a Nepal y casi por casualidad, visitando una página web que yo solía siempre visitar, hacesfalta.org, encontré una oferta de voluntariado de Círculo de Cooperación que me dio muy buena impresión, como ya he explicado en la pregunta anterior. De ahí, ya contactamos con ellos y lo organizamos todo.
El proceso no fue fácil y la búsqueda fue muy larga, pero al final la vida nos puso en el camino que estábamos buscando.
¿Qué hacíais, en general, allí? ¿Cuál era vuestra misión? ¿Cómo era un día normal para vosotros?
Nuestro trabajo allí era colaborar con la ONG Kushiko Sansar en la gestión de la casa de acogida y en su desarrollo. Para empezar, no estaban registrados adecuadamente como ONG en Nepal y hacía falta echar una mano con ello. Además, tenían que mudarse de casa, a una casa más grande donde tuvieran más condiciones y, además, cumpliesen los requisitos que el Gobierno de Nepal estipula que debe cumplir una casa de acogida (requisitos relacionados, por ejemplo, con el número de habitaciones, con la separación de los dormitorios de los chicos y de las chicas). Otra de nuestras tareas principales era la de elaborar talleres educativos que pudieran funcionar a largo plazo en la casa de acogida, donde vivían nueve niños. Había otras tareas menores, pero también importantes, había que montar unos protocolos de salud que asegurasen que los niños estuviesen en buenas condiciones y que si tenían algún problema podían asistirles debidamente, o también había que trazar un plan de futuro para ellos, para cuando dejasen de estar en la casa de acogida.
Así que, a las seis de la mañana estábamos en pie, siguiendo un poco los horarios del barrio, a las nueves íbamos a desayunar, trabajábamos por la mañana en todo esto mientras los niños iban a la escuela. Por las tardes, cuando los nueve niños venían del colegio a las 16:00, después de merendar tenían su tiempo de deberes con la teacher y ayudábamos en eso y, después, estábamos con ellos, también los días que eran fiesta para ellos, el sábado, y hacíamos juegos y talleres educativos de un solo día con ellos, como manualidades, juegos cooperativos, clases de español y cosas por el estilo. En las fotos siguientes podéis ver a los niños haciendo los deberes durante el homework time, viendo una película y luego en el taller de manualidades de reciclaje creativo que montamos un sábado.
¿Sentiste en algún momento que estabas realmente ayudando o en algún momento que no totalmente?
Es una pregunta complicada y cualquier voluntario siempre diría que sí se sentía ayudando, quizá a veces sin dudarlo dos veces. Es cierto que ayudamos en muchas cosas, pero para ser honesta también sentí frustración en muchísimas situaciones y me tuve que aguantar algunos enfados. Cuando empezamos a trabajar por las mañanas con la presidenta de la ONG Kushiko Sansar, al principio se hizo patente que teníamos ritmos de trabajo muy distintos. Costaba mucho conseguir que viniese a la hora acordada y, cuando nos poníamos a trabajar, siempre entraba en disquisiciones periféricas que hacían que al final de la mañana el trabajo hubiera sido muy poco productivo. Era un trabajo que teníamos que hacer los tres, la presidenta de la ONG y los dos voluntarios, pero ella tenía una actitud muy pasiva y había que constantemente incitarla a que diese su opinión y mostrara también las directrices que ella pensaba que el trabajo tenía que tener. Sin embargo, esto no era así. Más adelante, además, durante casi tres semanas, las dos mujeres que trabajaban allí, la presidenta y la mujer que trabajaba las 24 horas en la casa, empezaron a buscar casa por las mañanas, y nosotros empezamos a trabajar gran parte de las mañanas prácticamente solos, con lo que empezamos a sentir que quizá el trabajo que estábamos haciendo no era el que la ONG-casa de acogida necesitaba. De este modo, empezamos también a pasar mucho más tiempo con los niños, aunque no era nuestra tarea principal, y a organizar talleres y juegos para ellos de solo un día, cuando en realidad la intención era preparar talleres o una estructura para preparar talleres que pudieran usarse a largo plazo.
En realidad, se estaba produciendo un cambio muy importante en el proyecto y al final éste se disolvió, de modo que se mudaron los nueve niños a una casa distinta, a otro proyecto más amplio y global, Sankhu Home, llevado por Prisoners Assistance Nepal, donde pasamos los últimos cuatro días de nuestro voluntariado. Mucha gente me ha preguntado también si no sentimos ahí que nuestro trabajo no había servido para nada, dada la situación final y, aunque es cierto que sentimos bastantes momentos de frustración, de rabia e incluso de pena durante los dos meses, también es cierto que tuvimos un rol importante y especial en esa casa durante esa época y que, por nuestro lado, aprendimos muchísimo, tanto de las dos mujeres de la ONG como de los nueve niños.
¿Cuál fue el mejor y el peor momento del voluntariado?
Hubo muchísimos momentos excelentes y llenos de júbilo. Evidentemente, también hubo muchos momentos que eran negativos que tuve que paliar y que tuve que hacer jugar a mi favor. Uno de los momentos más maravillosos que recuerdo es a todos los niños y a mí y a Salva jugando al milikituli, que es un juego de manos que les enseñamos y que a los niños les encantó. Se juega de dos en dos, seguro que muchos lo conocéis, pero si todos se coordinan bien, se puede hacer todos juntos. Conseguimos poder hacerlo todos juntos y, aunque es un detalle muy pequeño y se trata de solo un momento de nuestro voluntariado en la casa, lo recuerdo como un momento en que estaba muy contenta y me sentí feliz. Yo creo que los mejores momentos fueron algunos de los que pasamos con los niños, a veces algunos detalles de cosas que decían, cosas de ellos que nos impresionaron, y momentos que pasamos con la Mommy, que es como llaman a la señora que trabaja allí todos los días y que cuida de los niños y de la casa.
Para los momentos malos, aunque hay varios, creo que me quedo con una semana que fue un desastre para los niños. Lo que pasó es que empezaron a faltar en las comidas verduras y leche y resultó que no había dinero suficiente para ello. Cuando llegó el sábado de esa semana, que es el día en que se comía el pollo, no había dinero para el pollo y apenas llegaba para el arroz, que tuvieron que dejar fiado en la tienda. El pollo lo compramos nosotros y con eso paliamos la cena, pero los días siguientes siguieron faltando verduras y la leche de la mañana y el ambiente se cargó de conflicto, especialmente entre nosotros y la presidenta de la ONG. Ella esperaba una transferencia de dinero de Círculo de Cooperación que afirmaba que no había llegado, pero en realidad ya hacía días que la habían mandado. Al final, muy a regañadientes, después de varios días, dijo que pondría dinero de su bolsillo pero que luego se lo restituiría cuando hubiese dinero. Estos momentos fueron muy complicados, porque aunque estás allí para que las cosas salgan bien a largo plazo te das cuenta de que a corto plazo no funcionan y que se pueden quedar sin dinero de repente un sábado por la tarde, como quien no quiere la cosa. Hubo un momento en que miré a uno de los niños, el más joven de todos, durante una merienda, y lo vi tan ajeno a todo, comiéndose unos nimkis, que son como cortezas de masa de harina (riquísimas), y pensé que había un problema de comunicación entre las dos organizaciones. Sin embargo, cuando se solventó el problema, resultó que lo que había pasado es que la presidenta de la ONG Kushiko Sansar había ido a recibir la transferencia al banco erróneo, que el dinero estaba en otra cuenta de otro banco. En algunos momentos de esta historia vi que el mundo de allí era muy diferente y sentí, literalmente, que la vida, tal como la vivimos, es una estafa.
¿Dónde vivíais, dónde dormíais y comíais?
Durante el voluntariado, alquilamos una habitación a menos de un minuto de la casa de acogida. En esa habitación, los miembros de la casa nos pusieron colchones y moqueta y estuvimos allí casi los dos meses. Comíamos en la casa de acogida, en la cocina, con los niños y la Mommy, los cinco días a la semana que estábamos allí.
¿En qué lengua hablabais con la gente? ¿Y con los de la ONG? ¿Los niños hablaban inglés?
La mayoría de jóvenes en Nepal, al menos los que van a una escuela privada, hablan un inglés mejor que el nuestro. Además, dentro del área del turismo también se habla inglés y no supone ningún problema, salvo el problema de querer aprender nepalí y hacerlo muy lentamente porque siempre puedes recurrir al inglés. Sin embargo, en los sitios más pequeños y más locales, había que hablar en nepalí y, si no sabías, con gestos. Yo aprendí un poco de nepalí a fuerza de preguntar las palabras, de comunicarme, y también empecé a aprender parcialmente el alfabeto devanagari para poder leer y escribir algunas palabras. Dos de los niños de la casa de acogida me enseñaron y reforzaron el aprendizaje; un día yo les enseñaba español y al siguiente ya me estaban enseñando nepalí. Además de esto, en algunas zonas hay personas que no hablan nepalí, como los ancianos en Bhaktapur, que hablan newari, así que allí no había más solución que manejarse con una o dos palabras en inglés y con los gestos. De todos modos, con una sonrisa todo el mundo se entiende y, si no sabes decir “gracias” ni “por favor”, una sonrisa lo sustituye.
Con los de la ONG hablábamos inglés, fundamentalmente. Con la persona que trabajábamos por las mañanas hablábamos inglés y lo hablaba francamente bien. Con la persona que trabajaba allí las 24 horas cuidando de los niños también hablábamos inglés, pero en otro nivel de cosas. Ella se sabía unas 1000 palabras en inglés, pero no podía armar una frase gramatical, lo cual a mí me parecía interesantísimo y maravilloso. No obstante, nos entendíamos a la perfección y tuvimos un montón de charlas larguísimas. Yo siempre digo que ella pensaba su frase en su lengua, luego la traducía de alguna manera a 2 o 3 palabras en inglés, luego yo escuchaba estas palabras y lo traducía al español, y viceversa. Así íbamos haciendo y nos comunicábamos sinceramente bien; cuando no podíamos porque había que hablar algo más complejo, entonces algún niño podía traducirnos. Con los niños hablábamos en inglés. De los 9 niños, aunque todos hablaban inglés, algunos tenían más nivel y otros menos, en función del tiempo que llevasen escolarizados en la escuela, que era privada y angloparlante. Por supuesto, también hacíamos pequeñas incursiones en nepalí porque cada vez les iba entendiendo mejor y podía inferir lo que iban diciendo entendiendo una o dos palabras en la frase.
¿Cómo te sientes después de ir por allí? ¿Cómo ves personalmente la vida ahora después de la experiencia?
Hay tres puntos que me gusta comentar de la experiencia, aunque hay quinientos más y desarrollé allí muchos aspectos personales de actitud ante la vida y, en menor medida, profesionales. Al primer punto lo llamo “esencialización” y me refiero a la búsqueda de lo esencial en nuestras formas de vida. De alguna manera, durante esta experiencia, me he quedado con lo más esencial que tengo, tanto en lo que a objetos se refiere, porque no cabe todo en tu mochila, como en lo que a personas atañe. Desde allí y también por el contraste entre el tipo de vida aquí y el tipo de vida allí, valoras qué es lo que echas de menos y que es lo que sobra en la vida. En mi opinión, aunque muchas cosas ya las sabemos en un nivel teórico, no las ponemos en práctica hasta que nuestra mochila vital no pesa más de 5 kgs.
El segundo punto lo resumo en una sola frase: todas las personas son inherentemente iguales. Con ello no quiero decir que cada uno no tenga su individualidad, sino que, ya sea en España o sea en Nepal, esencialmente las personas siguen unos principios básicos idénticos. Lo que nos hace especiales es lo que nos diferencia, pero me ha gustado valorar esa especie de igualdad en las cosas más primarias del ser humano.
El tercer punto tiene que ver con la situación mundial. Esto lo explico en la siguiente respuesta, pero sí que aquí tengo que decir que quiero contribuir, sin duda, a un mundo más justo y que, aunque mi conciencia ya estaba más o menos despierta, ahora veo las cosas de otro color. De nada sirve ir a un país como Nepal y volver desencantado de la vida (ni tampoco volver demasiado encantado). Si has sentido rabia, frustración y enfado tienes que metabolizar eso y canalizarlo de una manera que te haga producir acciones útiles.
¿Qué ha cambiado en ti después de esta experiencia, en lo que al mundo y “la pobreza” se refiere?
Han cambiado muchísimas cosas, pero respecto a la cooperación y al desarrollo, muchas de las ideas que yo tenía desde mi posición han cambiado casi radicalmente si comparo el momento de ir a Nepal y el momento de ir a España a la vuelta. En mi opinión, dicho un poco coloquialmente, entre el trajín de las vidas que llevamos y el lugar donde estamos, no estamos informados de la misma manera que lo estaríamos cuando dedicamos todo nuestro tiempo a un tema. Esto resulta evidente y, en este sentido, mi visión antes de ir a Nepal era bastante desconfiada respecto a, por ejemplo, los apadrinamientos de niños y criticaba ampliamente el tipo de publicidad que las ONG y fundaciones solidarias emiten, entre otras cosas. Entiendo que muchas personas desconfían de las organizaciones porque falta conocimiento respecto a ellas, porque si no entras dentro no puedes ver cómo trabajan y si son transparentes o no. Es natural y, precisamente por ello, entre otros motivos, es por lo que es tan importante que luego los voluntarios den su feedback al mundo. En cierto modo, compartir la experiencia es una manera de aportar la fiabilidad de ciertas ONGs y de promover y valorar el trabajo de los voluntarios y de todas las personas que están trabajando en labores sociales y educativas. Además de esto, enlazándolo con lo que decía sobre que la imagen de la situación es distinta antes y después y en un sitio y otro, una vez te introduces en el meollo, hablando en coloquial, te das cuenta de que el rótulo “pobreza” tiene muchos matices y que no lo puedes resumir en la foto de un niño pasando hambre en un cartel con un globo de pensamiento explicitándolo o pidiendo ayuda. Vives en tus carnes que cada persona lleva consigo una historia y, se te parta el alma o no, siempre hay al menos que escuchar esas historias.
Me encantaría leerte y oír tu viaje interior; no los lugares en los que estuviste.
Entiendo el punto, y es que a veces explicar la experiencia no dice mucho sobre uno mismo, más que lo que uno ha hecho y donde ha estado. Es por eso que he querido titular a esta entrevista “ayuda por fuera, viaje por el interior de ti mismo”. No quería llamarlo “ayuda”, porque la palabra “ayudar” no acaba de captar la tarea de un voluntario en terreno, aunque no especifico quién es quien ayuda a quién y casi lo podríamos resumir como un “intercambio”, aunque escondido bajo la palabra “ayuda”. Al final, siempre estamos en realidad viajando y los viajes por fuera siempre tienen correlatos en el mundo interior y, más que correlatos, de lo que más aprendes es de ti mismo y de cómo interactúas con el mundo exterior, porque a la larga no se trata de a dónde vas, sino de cómo llegas al sitio al que vas.
Sobre lo escrito durante mi vivencia en Nepal, tengo escrito y ajuntado todo el material de lo que he escrito durante los tres meses en Nepal. Los estoy preparando y pronto llegarán, en www.cuentosadomicilio.blogspot.com y en www.testimonioennepal.blogspot.com, que es un blog que estoy armando con Salva. Por ahora, respecto a mi parte, estoy intentando crear un todo coherente y un proyecto diferente para explorar nuevas vías de expresión, aunque esto me llevará más tiempo.
Incluyo un pedazo a modo de avance:
La tarta estaba vacía. A pesar de estar rellena de todo, nata quizás y otras cosas que saciaban la gula de cualquier viajero austero que no se da a los placeres (porque muchos no pueden evitarlo). Resultó que estaba llena de pedazos de vacío, como un queso de esos que son más bujero que cosa amarilla y en los que uno busca a veces la intersección con la solidez. A mi amante le encantaba comer vacío, por eso a veces me mordisqueaba el aura y se entretenía en buscar todos los huecos de mi alma.
Respecto a la parte con Salva, queremos explicar todo lo que hemos hecho, no solo para compartirlo con el mundo, sino también porque creemos que, sobre todo la parte en que expliquemos sobre el voluntariado, puede servir a otras personas a decidirse a emprender la aventura.
Agradecimientos
A Salva, Erik, Rabin, Helena, Ana, Manita, Migma, Sarina, Preeti, Prakash, Sonam, Eros, Raj y Nikhil, a todos los que estuvieron en nuestro paso por Nepal y a todos los que contribuyeron en mayor o menor medida a que emprendiéramos este viaje.






