Este poema fue escrito por un voluntario de Zimbawe, expresando sus reflexiones y sentimientos hacia el tercer sector. Nos parece muy interesante para todo aquel con interés en trabajar en cooperación ya que refleja muchas de las constantes dudas y preguntas que nos hacemos los voluntarios día tras día. ¿En que momento se deja de ayudar y el trabajo se convierte en contraproducente?
Hace décadas oí que la vida era simple, y así era
Donde había necesidad, una mano ayudaba
Donde había lagrimas, un corazón sentía
Manos y corazones complacientes hacían frente a la carencia
Lo llamaban caridad, y así era
Ahora una industria – un insulto a los pobres
En mi época veo que las cosas sí que cambian
Hay expertos que no han sido pobres
Cuyos estudios y encuestas no traen el cambio
Cuyos experimentos y modelos insultan a los pobres
Cuyos términos y conceptos, herramientas siempre cambiantes Ahora una industria – un insulto a los pobres
Qué peor insulto puede haber
Qué un prójimo me llame simplemente beneficiario
Qué nuestras fotos de desesperación se utilicen para marketing
Qué insulten nuestra dignidad para recaudar fondos
Qué formaciones y capacitaciones nos sean impuestos
Qué la vida de uno este planificada por otro
Qué el regalo que recibimos no sea revelado
Qué se reduzcan gastos antes de que nos demos cuenta
Qué sonriamos para fotos que nunca veremos
Qué nuestros propios hijos intenten cambiar nuestras costumbres
Qué malgastemos nuestra vida participando en evaluaciones
En efecto una industria – un insulto a los pobres
El poema está traducido de The Guardian y podéis leer el texto original aquí.