Cuando a una chica le viene la regla, se la destierra al cobertizo | Historias de Nepal

Kamala B.K. es diminuta. Apenas mide metro y medio. Lleva un lazo rojo que contrasta con su melena oscura. Mientras pasa delante de nuestro guesthouse en el pueblecito de Tankut, intentamos que se acerque a nosotros para charlar un rato. Pero la niña de 14 años no quiere ni acercarse al porche. “Esta menstruando, así que no debería entrar en casa de otros, es irrespetuoso” nos cuenta Cecile Shrestha de la organización Wateraid.

Esta ONG trabaja con niñas y mujeres al oeste de Nepal para acabar con la tradición chaupadi, una práctica que obstaculiza el desarrollo de la zona y la mantiene en la Edad Media: “Si están menstruando, pase lo que pase deben quedarse fuera de sus casas, comer fuera y dormir fuera”, explica Shrestha.

Fuera en cobertizos

Kamala frente a su cobertizo, foto por Jane Greenhalgh/NPR

En el pueblo de Kamala estos cobertizos consisten en una plataforma elevada, sin paredes y algunos con tejados de paja. Kamala nos cuenta que dormirá en uno de esos cobertizos esa noche. Le pedimos que se acerque más a nosotros para hablar pero se cubre la cara con las manos y permanece inmóvil.

“Le da miedo que le peguemos”, nos dice Shrestha. Porque si pisa el porche estaría rompiendo las reglas.

Kamala cree que si entra en una casa mientras tiene la regla, la gente y los animales de ese hogar caerán enfermos. Los dioses se enfadarán y la casa permanecerá maldita. También le han hecho creer que sus manos se deformarán.

Le intentamos asegurar que nadie quiere hacerle daño, pero ella tiene miedo y huye.

Un cobertizo para mujeres durante la menstruación, en el poblado de Narsi al oeste de Nepal. Poulomi Basu/VII Mentor

La Rebelde

A trescientas millas, en Katmandú, conocemos un mundo completamento distinto.

Prakriti Kandel tiene 15 años y está preparando sus exámenes SATs. Con la melena corta y gafas de pasta negras estilo “hipster”, Prakriti ya parece una unviersitaria.

Prakriti se siente muy unida a sus padres. Muchas veces se sienta en el sofá junto a su madre, apoyando la cabeza en su hombro. Nos cuenta que su padre siempre le ha apoyado en su meta de ir a la universidad en el extranjero -incluso cuando a la mayoría de las chicas de Nepal no se les pasa por la cabeza ir a la universidad.

“Siempre dice que está contento de tener una hija. No necesita un chico. Siempre me está insipirando en mi vida”, afirma la joven.

Pero la familia de Prakriti también tiene sus reglas cuando está menstruando.

“Si tengo la regla, no puedo tocar a mi abuela, no puedo comer mientras ella come. No puedo tocar a mi madre ni a mi padre”, nos cuenta.

Tampoco puede entrar en la cocina. Pero siempre se le olvida. “Es muy confuso, un día puedo ir donde me plazca y al día siguiente no tengo permiso para entrar en la cocina”.

Este tema hace que Prakriti se pelee mucho con su madre y abuela. Normalmente acaba en lloros y ella furiosa encerrándose en su cuarto.

Como no sigue las reglas, a Prakriti le echan la culpa de lo malo que sucede en la casa.

“Hubo una vez que mi padre enfermó y tuvo que ser ingresado en el hospital. Los médicos no sabían diagnosticarle y entonces uno de los sacerdotes dijo que mi padre había enfermado porque yo le había tocado mientras tenía la regla y que había enfadado a los dioses.”

Prakriti Kandel quiere acabar con los tabús sobre la menstruación en Nepal -y todo tipo de discriminación y abusos que los acompañan. Foto por Poulomi Basu/VII Mentor for NPR

Soy intocable

El sacerdote culpó a Prakriti por la enfermedad de su padre ya que le había tocado mientra estaba menstruando. ¿De dónde vienen estas ideas?

Las antiguas escrituras hindús dicen que las mujeres son altamente infecciosas mientras tienen la regla, que “su cuerpo está tan débil que los viruses salen de su boca y miembros” dice Mukunda Aryal, que estudió cultura hindú durante 40 años.

En el Hinduismo hubo una vez un rey de los dioses que gobernaba por encima de los demás dioses. Este dios, llamado Indra, cometió un pecado terrible. Y para expiarse, creó la menstruación.

Ahora, cada mes, las mujeres pagan por el pecado cometido por Indra. Son impuras, sucias. Hay incluso una expresión en Nepal que usan las mujeres para explicar que están menstruando: “Soy intocable”.

Estos tabús datan de miles de años y permanecen en casi todas las culturas y religiones, nos explica Aryal. Por ejemplo, en el Cristianismo hubo una época que las mujeres menstruando se consideraban peligrosas.

Y en algunos lugares, estos tabús prevalecen. Para los judíos ultra-ortodoxos, la ley prohíbe cualquier tipo de contacto entre mujeres y hombres si éstas están menstruando.
En las aldeas del oeste de Nepal, estas normas centenarias son bastante más que una molestia.

El cobertizo rojo

A la noche siguiente nos encontramos con Kamal y accede a llevarnos a su cobertizo.

Kamala, segunda por la derecha con un pañuelo verde y rosa, con otras mujeres en menstruación. Foto de Cecile Shrestha/WaterAid

Está a diez minutos andando. Comienza a anochecer y no tiene linterna. “Suelo tener miedo especialmente de las serpientes y los hombres”, nos cuenta a través de nuestra traductora Pragya Lamsal de Wateraid. Kamala ha oído historias sobre chicas acosadas sexualmente mientras estaban solas en sus cobertizos.

Su cobertizo es escalofriante. Parece una jaula, las paredes y tejados están construidos con maderos entrecruzados. Es época de monzon y la lluvia es torrencial. Kamala tiene un plástico para tapar su cabaña pero acaba empapada igualmente.

Tenía 11 años cuando tuvo su primer periodo y se acuerda del miedo que pasó la primera vez que durmió fuera. El cobertizo es diminuto, prácticamente no puede ni tumbarse, y a veces lo tiene que compartir con dos o tres chicas más, así que la mayor parte de la noche la pasan de cuclillas.

“No me siento bien haciendo esto” dice Kamala.

El Tribunal Supremo prohibió esta práctica en el 2005, por lo tanto es ilegal obligar a las mujeres a dormir en estos cobertizos. Sin embargo, muchos habitantes de las aldeas remotas siguen haciéndolo.

La menstruación es poder

Kamala dice que no puede romper las normas de su comunidad. Sin embargo, en Katmandú, Prakriti quiere luchar por cambiarlas.

Después de que el sacerdote la culpara por la enfermedad de su padre, se puso manos a la obra, investigando sobre cómo otras culturas alrededor del mundo tratan el tema.

Y entonces tuvo una epifanía: “La menstruación no es un tabú, es poder para la mujer.”

Se involucró tanto en este tema que escribió una novela, llamada “Impostor”. Trata sobre una sociedad donde la menstruación proporciona a las mujeres superpoderes. Y los hombres les tienen miedo. “Aislan a las mujeres para que no puedan desatar su poder,” nos cuenta Prakriti.

Prakriti Kandel sujeta el manuscrito original de su novela, Imposter, en el que las chicas cuando tienen el periodo también consiguen superpoderes. Poulomi Basu/VII Mentor for NPR

Prakriti comienza a reirse mientras lee su libro porque su madre se burla de sus ideas sobre la menstruación. Pero se lo toma en serio. Su meta en la vida es frenar todos los tabúes hacia la menstruación, y todas las prácticas discriminatorias y abusivas que los acompañan.

“Por estas creencias y estos rituales, perdura la desigualdad entre géneros. Es una forma más de discriminar y la discriminación siempre duele”, dice Prakriti.

Y ya tiene un plan para frenar esta discriminación: “Cuando acabe el colegio, quiero estudiar ciencias políticas en una buena universidad. Y mi meta a largo plazo es convertirme en primer ministro de Nepal y cambiar las cosas.” Y así sacar a Kamala y todas las niñas de las zonas rurales de Nepal de sus cobertizos.

* Artículo traducido, original en inglés pinchando aquí

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